Un mundo sin hombres
En 1967, Valerie Solanas, pelo corto, boina, ceño fruncido y chispas en los ojos, merodeaba por las calles del Greenwich Village de Nueva York vendiendo un texto autoeditado a un dólar a las mujeres y a dos dólares y medio a los hombres. Se titulaba Manifiesto SCUM– escoria, en inglés y también el acrónimo de Society for Cutting Up Men (Sociedad para Descuartizar Hombres), de la que era fundadora y única integrante–. Era un texto furioso y radical en el que, ya desde las primeras líneas, apretaba su rabia lista para disparar con una mordaz llamada a la acción: “Vivir en esta sociedad es, en el mejor de los casos, morir de aburrimiento. Nada en esta sociedad concierne a las mujeres. Así pues, para todas aquellas que tengan un mínimo de civismo, sentido de la responsabilidad y sentido del humor, no queda más remedio que derrocar al gobierno, eliminar el dinero, automatizarlo todo y exterminar al sexo masculino”.
